jueves, 6 de octubre de 2011

"El color local"

Hace un par de horas en la feria del libro de Río Cuarto formé parte de una charla interesante planteada sobre el "color local". El debate al respecto fue amplio y diverso, tenía como principal oradora a Susana Dillon. Uno de los puntos que tocaron al respecto fue una pregunta que me hice siempre: ¿cómo captar el color local?, o mejor aún, ¿cómo retratarlo o hacer una narración al respecto?. El viaje forma parte de mi vida y cada vez que viajo me gusta adentrarme dentro de cada lugar para captar ese "color local". El problema se sucita cuando uno no siente ese "color local", cuando uno percibe una sensación de vacuidad o de deber no cumplido.
El "color local" es tan abstracto como pensar su significado. Uno sabe de cuanto y de que se compone pero tal vez no podría explicar de que se trata. No es historia, pues el color va mutando y cambiando de tonalidad, asemejandose a otros ajenos, adulterados de culturas y tradiciones lejanas, tan lejanas como se nos permite imaginarlo. El "color local" se vive día a día, enfrascado en una rutina monótona pero que a su vez nos permite descrifrar cómo es ese color.
Cuando viajaba de camino a la universidad en colectivo me podía dar cuenta si llegaba a tiempo o estaba retrasado, bastaba con ver el entorno que me rodeaba en ese momento. Cada minuto es igual al mismo minuto del día siguiente, la rutina es tan precisa que va denotando como vivimos y a que ritmo lo hacemos, "el color local" varía con respecto al tiempo y es esto lo que nos permite entenderlo y comprenderlo.
Sentarnos una hora en un lugar es una disección perfecta del "color local".

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