A finales del siglo XV, hipótesis transgresoras circulaban de boca en boca entre marinos y científicos, había una alternativa distinta para llegar a las Indias sin bordear el enorme continente africano, viajar en dirección oeste. Un entusiasta Cristobal Colón se presentó ante la corona española pidiendo financiamiento para llevar a cabo la exploración directa hacia el oeste. El propósito de la expedición no pudo ser llevado a cabo, es que en medio del viaje "nuevas tierras" se elevaron sobre el horizonte, las Américas se erguían provocando un cambio significativo en la historia de la humanidad. El imperio español encontró que era más facil robar y explotar que comercializar, y a un ritmo descomunal ampliaron sus dominios por todo el mundo, dieron origen al imperio que nunca vió una puesta del sol.
Con la conquista vino la muerte y extinción de miles y miles de personas, la identidad americana poco a poco suncunvió ante la espada española y las cruces jesuitas, esta última un poco más humana, pero no por ello menos imprudente.
Esto fue el comienzo de siglos y siglos de esclavitud y opresión. Ese enorme orden metamorfósico, que mutó en varias banderas y formas, sigue arrollando todo aquello que muestre resistencia. Nuestro peor defecto... es creer que esto ha acabado.
A continuación un pequeño relato que viene a colación. Esto fue escrito por quien les escribe ahora, luego de haber conocido San Pedro de Atacama, antes un oasis de subsistencia, hoy un oasis para mis ideas.
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San Pedro en su corta extensión es una perfecta metáfora de la actualidad sudamericana, con su hermosa fachada pre colonial, con banderas de los pueblos originarios que adornan las puertas de las casas de adobe pero que a su vez se confunden con carteles ofertando en lenguas extranjeras diversas opciones turísticas. Basta con caminar un par de cuadras por la calle Caracoles para sentir esa gran sensación de vacuidad. Uno podría titular “la triste historia atacameña”, pareciera que el tiempo se los tragó en su inmensidad. Primero encontraron infortunio en la conquista incaica en tierras del sur, estos los domesticaron a su modo, los adiestraron e impusieron nuevos cultos, luego llegaron hombres con brillantes armaduras y hermosos caballos, la impiedosa conquista española no dio más opciones que obedecer o morir. “oh, Dios ¿por qué nos has abandonado?”. De todas formas no fueron estas las causas que dieron fin al atacameño, la etnia pereció con el sucio juego del sistema capitalista y multinacionalista, donde los lugareños a mediado de siglo XX se dieron cuenta que su necesidad no era el motor del “progreso”, era el aprovechamiento de este, y que la subsistencia se había acabado con la explotación absoluta y perpetua de los salares. La mayoría de los atacameños dejaron San Pedro y la región para mudarse a la gran urbe, unos pocos decidieron no dar el brazo a torcer y encontraron en el turismo una salida viable. Hoy en día San Pedro ya no es más que un gran centro turístico, en donde día a día decenas de jóvenes entusiastas buscan ganarse la vida en este lugar. La esencia ancestral ya desapareció, ya no fluye por aquellas calles polvorientas, ahora hay un nuevo orden que recorre cada recoveco en busca de placeres vacios en algunos extranjeros.
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